La danza en Egipto

“Un recorrido general desde el Antiguo Egipto hasta nuestros días”

Como se sabe, la danza es una manifestación humana tan antigua como el mismo hombre. Ya sea que haya surgido como medio de comunicación, ritual ancestral o como vehículo para la expresión de emociones; es común en diversas culturas ancestrales del mundo. Y Egipto no fue la excepción. Elizabeth Artemis Mourat escribió en el artículo Dances of Ancient Egypt (Richards, 2000, p.42) “La grandeza del Antiguo Egipto estaba reflejada en el esplendor de sus artes. Las personas de toda clase social estaban expuestas a la música y la danza. Sacerdotes y sacerdotisas usaban la danza con fines místicos también…todas las personas danzaban, sin importar si eran esclavos o reyes”

Mourat afirma que “Estas danzas pueden ser divididas en 6 grupos: religiosas, festivales no religiosos, banquetes, danzas de harem, combate y calle”. (Richards, 2000, p.44)

Danzas Religiosas: Eran las más comunes, algunas eran privadas y otras públicas. Mourat (2000) afirma que se creían que los dioses danzaban.

 Festivales no religiosos: Los egipcios bailaban en variadas ocasiones que incluían festivales públicos, aniversarios, matrimonios, eventos históricos y más.

Banquetes: Los faraones y otros miembros de la aristocracia organizaban banquetes elaborados. Existía además una jerarquía entre los bailarines, asimismo como distintas clases de danzas que iban de las lentas y calmadas a las acrobáticas.

Danzas de Harén: Las mujeres del harén y las damas de alta sociedad eran entrenadas por maestras de canto y danza como parte de su educación.

Danzas de combate: Estas danzas eran una manera de mejorar las habilidades para el combate, asimismo celebraban las victorias y dramatizaban eventos mitológicos.

Danzas de la calle: Existían bailarines itinerantes que se presentaban en fiestas privadas o en las calles. Podían hacer danzas dramatizadas o acrobáticas y había acompañamiento musical y canto. De manera que los antiguos Egipcios danzaban en múltiples ocasiones y con múltiples propósitos.

Este país vivió numerosas conquistas e invasiones a lo largo de los siglos, lo cual afectó el desarrollo de sus danzas, pues las invasiones de otras civilizaciones trajeron consigo -además de sus costumbres, leyes y artes- su religión y por ende sus restricciones. Por ejemplo primero el Cristianismo y luego el Islam se arraigaron fuertemente en Egipto y en el Medio Oriente en general entre el siglo IV y VIII, lo que posiblemente haya afectado (o silenciado) la práctica de rituales que no fueran parte de su doctrina y por consiguiente las danzas sagradas de ese entonces. De manera que es posible que muchas danzas se hayan extinguido o que se hayan transformado.

Lo que sí se sabe es que la danza en Egipto ha vivido por siglos en territorios de familia o comunidad –ya sea por individuos o compañías de artistas a nivel social o profesional-.

Debido en parte al control que ejercía la civilización reinante, se considera que no existe abundante material escrito o evidencia del desarrollo de las danzas en este país; pues, al ser dictaminado como pagano o pecaminoso o simplemente superfluo por ciertos regentes, la evidencia de su existencia siempre trataba de ser borrada o simplemente omitida.

Además, otro de los factores que pudo afectar la escasez de documentación de las danzas de Egipto es que al ser consideradas comunes o realizadas por la gente del común “nadie pensó escribir seriamente” acerca de ellas, dice Morocco (2011, p 97).

Ahora bien, a partir del siglo XIX se escribió abundante material de la danza de las bailarinas de Egipto pero no mucha información de las demás danzas, las ejecutadas por ejemplo por hombres. Estos escritos fueron generalmente redactados por viajeros occidentales. Algunos son textos objetivos e imparciales y otros son considerados “fantasías” de los llamados “Orientalistas”, quienes fueron pintores, escritores o periodistas; obnubilados por el Oriente, por sus aromas, mujeres, artes, gastronomía, etc. Algunos de ellos escribieron o pintaron escenas que partían de su imaginación –especialmente las que incluían mujeres-, pues no tenían acceso a la privacidad de los hogares.

Al respecto asevera Buonaventura (1998, p. 84) “Claro que los pintores hombres no vieron el interior del harem (sitio de la casa ocupado solo por mujeres) o hammam (baños). Tenían que depender de los reportes de las mujeres y sus propias fantasías para la creación de tales interiores: y usualmente triunfaba la fantasía”. Se dice además que las pinturas que hicieron los orientalistas de mujeres en sus toilettes satisfacía un mercado del desnudo erótico.

“Algunos críticos de los Orientalistas sostiene que los occidentales se inventaron una imagen de las mujeres árabes para complacer sus propias fantasías” (Buonaventura, W., 1998, p. 82) Y lamentablemente esta es la imagen que -en gran medida- establecieron en occidente de la danza y de las mujeres del Medio Oriente. Imagen que hoy en día aún es conflictiva.

Otro factor que influenció más tarde las danzas de Egipto durante los siglos XIX y XX fue el “enamoramiento” que vivieron muchos egipcios por el occidente, pues gracias a la invasión francesa o británica, Egipto conoció la cultura occidental de primera mano y por un tiempo muchos de ellos admiraron tanto las danzas europeas que se sintieron apenados por las propias.

Los colonizadores infiltran la cultura de los colonizados. En la mayoría de los casos van en contra la cultura local con el propósito de que las personas contradigan su propia cultura y adopten la extranjera, admirándola, emulándola afirma Moroco (2011). Asimismo esta autora asevera que muchas personas del Medio Oriente se sienten avergonzados de sus propias danzas folclóricas, con miedo de que el mundo piense que están atrasados culturalmente, pues quieren ser vistos como modernos.

Muy por el contrario, a mediados del siglo XX las danzas folclóricas Egipcias pasaron a estar de moda, pues gracias al creciente nacionalismo -luego de su independencia- los líderes políticos –particularmente Abdel Nasser– empezaron a fomentarlas con el afán de unir al pueblo egipcio y restablecer el sentido de pertenencia por lo propio. Esto dio pie al desarrollo de compañías de danzas folclóricas egipcias como la dirigida por Mahmoud Reda o la posteriormente creada “Kawmyya Firqua”.

Estas compañías no presentaban auténticas danzas folclóricas generalmente, sino que mostraban danzas influenciadas en las folclóricas. Mahmoud Reda utilizaría elementos de las danzas de salón popularizadas por el cine de Hollywood y la Compañía Kawmyya estaría influenciada por el ballet y las danzas rusas. Pero gracias a estas compañías se despertó el interés tanto a nivel local como internacional por las danzas de Egipto.

Así que llegamos a la actualidad. Hoy en día investigadores de todo el mundo tratan de develar los misterios que rodean estas danzas tan poco documentadas y tan manipuladas a lo largo de los siglos por ideales religiosos o políticos. Pero vale aclarar que esta influencia aún hoy en día persiste en Egipto, pues a ser el islam la religión principal, algunos de sus líderes ejercen presión sobre las formas de expresión artística y por ende sobre sus promotores e investigadores.

La danza en Egipto

“Un recorrido general desde el Antiguo Egipto hasta nuestros días”

Como se sabe, la danza es una manifestación humana tan antigua como el mismo hombre. Ya sea que haya surgido como medio de comunicación, ritual ancestral o como vehículo para la expresión de emociones; es común en diversas culturas ancestrales del mundo. Y Egipto no fue la excepción. Elizabeth Artemis Mourat escribió en el artículo Dances of Ancient Egypt (Richards, 2000, p.42) “La grandeza del Antiguo Egipto estaba reflejada en el esplendor de sus artes. Las personas de toda clase social estaban expuestas a la música y la danza. Sacerdotes y sacerdotisas usaban la danza con fines místicos también…todas las personas danzaban, sin importar si eran esclavos o reyes”

Mourat afirma que “Estas danzas pueden ser divididas en 6 grupos: religiosas, festivales no religiosos, banquetes, danzas de harem, combate y calle”. (Richards, 2000, p.44)

Danzas Religiosas: Eran las más comunes, algunas eran privadas y otras públicas. Mourat (2000) afirma que se creían que los dioses danzaban.

 Festivales no religiosos: Los egipcios bailaban en variadas ocasiones que incluían festivales públicos, aniversarios, matrimonios, eventos históricos y más.

Banquetes: Los faraones y otros miembros de la aristocracia organizaban banquetes elaborados. Existía además una jerarquía entre los bailarines, asimismo como distintas clases de danzas que iban de las lentas y calmadas a las acrobáticas.

Danzas de Harén: Las mujeres del harén y las damas de alta sociedad eran entrenadas por maestras de canto y danza como parte de su educación.

Danzas de combate: Estas danzas eran una manera de mejorar las habilidades para el combate, asimismo celebraban las victorias y dramatizaban eventos mitológicos.

Danzas de la calle: Existían bailarines itinerantes que se presentaban en fiestas privadas o en las calles. Podían hacer danzas dramatizadas o acrobáticas y había acompañamiento musical y canto. De manera que los antiguos Egipcios danzaban en múltiples ocasiones y con múltiples propósitos.

Este país vivió numerosas conquistas e invasiones a lo largo de los siglos, lo cual afectó el desarrollo de sus danzas, pues las invasiones de otras civilizaciones trajeron consigo -además de sus costumbres, leyes y artes- su religión y por ende sus restricciones. Por ejemplo primero el Cristianismo y luego el Islam se arraigaron fuertemente en Egipto y en el Medio Oriente en general entre el siglo IV y VIII, lo que posiblemente haya afectado (o silenciado) la práctica de rituales que no fueran parte de su doctrina y por consiguiente las danzas sagradas de ese entonces. De manera que es posible que muchas danzas se hayan extinguido o que se hayan transformado.

Lo que sí se sabe es que la danza en Egipto ha vivido por siglos en territorios de familia o comunidad –ya sea por individuos o compañías de artistas a nivel social o profesional-.

Debido en parte al control que ejercía la civilización reinante, se considera que no existe abundante material escrito o evidencia del desarrollo de las danzas en este país; pues, al ser dictaminado como pagano o pecaminoso o simplemente superfluo por ciertos regentes, la evidencia de su existencia siempre trataba de ser borrada o simplemente omitida.

Además, otro de los factores que pudo afectar la escasez de documentación de las danzas de Egipto es que al ser consideradas comunes o realizadas por la gente del común “nadie pensó escribir seriamente” acerca de ellas, dice Morocco (2011, p 97).

Ahora bien, a partir del siglo XIX se escribió abundante material de la danza de las bailarinas de Egipto pero no mucha información de las demás danzas, las ejecutadas por ejemplo por hombres. Estos escritos fueron generalmente redactados por viajeros occidentales. Algunos son textos objetivos e imparciales y otros son considerados “fantasías” de los llamados “Orientalistas”, quienes fueron pintores, escritores o periodistas; obnubilados por el Oriente, por sus aromas, mujeres, artes, gastronomía, etc. Algunos de ellos escribieron o pintaron escenas que partían de su imaginación –especialmente las que incluían mujeres-, pues no tenían acceso a la privacidad de los hogares.

Al respecto asevera Buonaventura (1998, p. 84) “Claro que los pintores hombres no vieron el interior del harem (sitio de la casa ocupado solo por mujeres) o hammam (baños). Tenían que depender de los reportes de las mujeres y sus propias fantasías para la creación de tales interiores: y usualmente triunfaba la fantasía”. Se dice además que las pinturas que hicieron los orientalistas de mujeres en sus toilettes satisfacía un mercado del desnudo erótico.

“Algunos críticos de los Orientalistas sostiene que los occidentales se inventaron una imagen de las mujeres árabes para complacer sus propias fantasías” (Buonaventura, W., 1998, p. 82) Y lamentablemente esta es la imagen que -en gran medida- establecieron en occidente de la danza y de las mujeres del Medio Oriente. Imagen que hoy en día aún es conflictiva.

Otro factor que influenció más tarde las danzas de Egipto durante los siglos XIX y XX fue el “enamoramiento” que vivieron muchos egipcios por el occidente, pues gracias a la invasión francesa o británica, Egipto conoció la cultura occidental de primera mano y por un tiempo muchos de ellos admiraron tanto las danzas europeas que se sintieron apenados por las propias.

Los colonizadores infiltran la cultura de los colonizados. En la mayoría de los casos van en contra la cultura local con el propósito de que las personas contradigan su propia cultura y adopten la extranjera, admirándola, emulándola afirma Moroco (2011). Asimismo esta autora asevera que muchas personas del Medio Oriente se sienten avergonzados de sus propias danzas folclóricas, con miedo de que el mundo piense que están atrasados culturalmente, pues quieren ser vistos como modernos.

Muy por el contrario, a mediados del siglo XX las danzas folclóricas Egipcias pasaron a estar de moda, pues gracias al creciente nacionalismo -luego de su independencia- los líderes políticos –particularmente Abdel Nasser– empezaron a fomentarlas con el afán de unir al pueblo egipcio y restablecer el sentido de pertenencia por lo propio. Esto dio pie al desarrollo de compañías de danzas folclóricas egipcias como la dirigida por Mahmoud Reda o la posteriormente creada “Kawmyya Firqua”.

Estas compañías no presentaban auténticas danzas folclóricas generalmente, sino que mostraban danzas influenciadas en las folclóricas. Mahmoud Reda utilizaría elementos de las danzas de salón popularizadas por el cine de Hollywood y la Compañía Kawmyya estaría influenciada por el ballet y las danzas rusas. Pero gracias a estas compañías se despertó el interés tanto a nivel local como internacional por las danzas de Egipto.

Así que llegamos a la actualidad. Hoy en día investigadores de todo el mundo tratan de develar los misterios que rodean estas danzas tan poco documentadas y tan manipuladas a lo largo de los siglos por ideales religiosos o políticos. Pero vale aclarar que esta influencia aún hoy en día persiste en Egipto, pues a ser el islam la religión principal, algunos de sus líderes ejercen presión sobre las formas de expresión artística y por ende sobre sus promotores e investigadores.